19 de septiembre de 2013

Ilógico

ilógico
- Y además de jugar ¿qué otras cosas hacéis por aqui?, dijo Nostromo.
- Charlar, beber cerveza y de vez en cuando nos reunimos a cenar. Una vez al año, en el puente de diciembre, hacemos las maletas y viajamos a alguna parte, este año hemos ido a Garrovillas de Alconétar, lo hemos pasado muy bien, dijo Gopher.
- Visitamos la ciudad y organizamos partidas en el hotel en el que estemos, reservamos una sala sólo para nosotros y nos pasamos el día jugando -dijo Gandalf, mientras daba vueltas a un cubo de Rubik.
- ¿En serio? parece divertido, djo Nostromo.
- Sí que lo es, el año que viene tienes que apuntarte, dijo Kentley.
- Antes tengo que decidir si volveré una segunda vez. No es que me guste mucho salir de casa, en realidad no me gusta nada. No hubiera venido hasta tan lejos si no es por curiosidad, ya sé que sueno como un bicho raro, pero es así, dijo Nostromo.
- ¿Donde vives?, dijo Dallas.
- Cerca de Majadahonda, respondió Nostromo.
- ¿Y eso está lejos? -dijo Dallas sorprendido-, pues sí que suenas como un bicho raro.
- ¿Y qué haces para ir a trabajar, o para ir a comprar?, dijo Gandalf.
- No es que no salga nunca de casa, salgo a comprar, aunque normalmente pido lo que necesito por internet, en cuanto a trabajar, soy escritora, no sé si eso se puede considerar un trabajo, sobrevivo como redactora de contenidos para páginas web y sólo tengo que ir al trabajo una vez a la semana, así que me las apaño para no salir mucho.

Se miraron entre ellos sorprendidos.
- A ver, no es una enfermedad ni nada de eso, más bien es lo mismo que le pasaba a Obelix cuando quería poción mágica, no le daban porque se había caído en la marmita cuando era pequeño. He tenido mucha actividad social, de hecho más de la que me gustaría y ahora estoy en un momento de calma. En serio que no pensaba haber venido y ahora no me puedo creer que esté pensando en volver una segunda vez, no me puedo creer que esto sea real, dijo Nostromo riéndose.
- Pues tienes que volver al menos otra vez, eso está claro, dijo Kentley.
- Es posible, pero ¿tendré que esperar una nueva invitación?, preguntó Nostromo.
- No, ya no, ahora que nos has encontrado puedes venir siempre que quieras. Nos reunimos en este local todos los primeros y terceros viernes de cada mes, a las diez de la noche, también hay reuniones por la tarde los sábados posteriores al primer viernes de mes, pero esas reuniones son para los que tienen hijos, dijo Gopher.
- Si me lo repites o mejor me lo apuntas igual consigo volver en el día correcto, porque te prometo que ahora mismo no sería capaz de saber qué día volver, dijo riéndose Nostromo.
- Es bastante complicado de aprender al principio, pero después lo ves hasta normal -dijo Gopher riéndose- si quieres me das tu email y te lo envío por correo.
- Vale, apúntalo -dijo Nostromo, dictándole su email.

Cuando Gopher acabó de apuntar el email llegó Hari, con una cerveza para ella.
- Muchas gracias Hari, justo a tiempo, me acabo de terminar la otra.
- Es para mantener a raya las neuronas, así no se nos va la pinza con tanto juego -dijo Hari- dime, ¿cómo te están tratando estos chicos?, ¿se están portando bien?, ¿Dallas ha sido tan amable como siempre?.
- Me están tratando muy bien, ¡hasta estoy pensando en volver!.
- He hecho lo que he podido -dijo Dallas- pero me temo que está encantada con nosotros, qué le vamos a hacer.
- Como siempre, en tu línea Dallas -dijo Hari, apoyándose en el hombro de Nostromo en señal de consuelo y sentándose a su lado- Ya te acostumbrarás, Dallas es así con todo el mundo pero le queremos igual, por mucho que le moleste, o tal vez sea precisamente porque le molesta, dijo riéndose.

Pasaron el resto de la noche charlando sobre películas, juegos de mesa, astronomía, decoración, biología, sushi, matemáticas, paradojas y filosofía.
A la mesa se fueron uniendo algunos otros, como Magneto, Yoda, Sherlock o Ultravioleta, las conversaciones eran originales, cada uno aportaba un punto de vista diferente y le daba una vuelta más de tuerca al argumento del otro.

Casi eran las tres de la mañana cuando el camarero les avisó que era la hora de cerrar. Nostromo no podía creer que el tiempo hubiera pasado tan rápido, se hubiera quedado toda la noche.
Al mirar alrededor se dió cuenta de que el local se había quedado vacío, eran los últimos en marcharse. Fueron saliendo todos y Nostromo se fue despidiendo de cada uno, hasta que sólo quedaron Hari y ella.
 
- Ha sido un verdadero placer Hari, no sé qué esperaba encontrar, pero no era gente como vosotros, lo he pasado realmente bien, estaré aquí en la próxima reunión, cuando haga los cálculos para averiguar el día.
- Aqui estaremos -dijo con una amplia sonrisa-, ¿cómo has venido?, si quieres te acerco a algún lado, tengo el coche aquí mismo.
- No hace falta, muchas gracias, cogeré un taxi.... hasta la próxima Hari.
- Hasta entonces, Nostromo.

La fría noche de diciembre sobre Madrid, ahora parecía extrañamente cálida para ella. No desaparecía la sonrisa de su rostro, como cuando recibes un regalo que no esperas y además es exactamente lo que deseas.

Caminó despacio bajo la tenue luz de las farolas, aún quedaba gente por la calle, algunos vestidos con disfraces de Santa Claus, otros adornados con espumillones dorados, plateados, rojos, en Madrid la Navidad es otro motivo más para salir a la calle y divertirse.

Las conversaciones que había tenido fueron regresando a la memoria de Nostromo, qué personas tan curiosas, pensó, parecen personajes de una novela.
Pensó en Kentley, simpático e impulsivo, en Gandalf, que tal vez fuera diferente de quien aparentaba ser, en Gopher, que era el más extrovertido, pero a la vez desconfiaba de todo, en el gigante Hari, que era todo corazón, si no hubiera abierto él la puerta seguramente no se habría atrevido a entrar, y finalmente pensó en Dallas ¿qué le ocurría a Dallas?, de todos ellos era el que despertaba más su curiosidad.

Pero no era sólo la personalidad de Dallas la que le atraía, como tienta cualquier adicción que sabes que no debes probar, es que era asombrosamente parecido a James, el pelo corto y oscuro, la mirada, hasta la estatura y la constitución física era exacta. Y lo más sorprendente era su sonrisa ¿cual es la probabilidad de que dos personas, por mucho que se parezcan en sus rasgos, sonrían exactamente igual?, posiblemente era mínima, como también lo era la posibilidad de que existiera un club como Ilógico, y existía. 
Iba a empezar a creer que, después de todo, la Navidad no había dejado de ser mágica.

Capítulos anteriores:
1.- La invitación
2.-La búsqueda
3.-El encuentro
4.-Hari Seldon
5.-¿Quién soy?